1.9.09

El descanso

Una hora después, volvimos a sentarnos. El conjunto mandaba saludos y anunciaba la próxima canción, pero a ti la fatiga por bailar de vueltas te pudo más que el ritmo. Nos sorprendió ver nuestra mesa tupida de latas y envases de tecate, todos sin una gota, desordenados y hasta caídos: en algún momento habíamos perdido la noción del consumo y, quizá por eso, el baile nos resultaba tan ameno. 
—¿Cómo andas? —pusiste mi brazo alrededor de tu cuello mientras te sentabas junto a mí.
—Medio cansado
—No te hagas güey. Mira, hay dos cosas que un hombre no me puede ocultar: cuando está borracho, y cuando está enamorado.
Me gustaba oírte medio tomada, haciendo gestos raros y besándome como si mañana el ejército que cuidaba las avenidas me fuera a llevar en algún operativo. Más que cantar, gritabas todas las letras con un sentimiento que, seguramente, habría de avergonzarte al otro día.
—¿Conque puedes saber cuando un hombre está borracho o enamorado?
—Así es —dejaste de cantar para responderme.
Agarré la cerveza y me la tomé de jalón. Sujetando tu barbilla, hice que voltearas a mirarme. Podía ver mi rostro reflejado en tus ojos cuando pregunté:
—Ya acertaste en lo borracho, pero dime, ¿estoy enamorado?
—¡Ah! —tu cara se llenó de sorpresa y pensaste unos segundos lo que dirías después—, ¿estás retándome?
—No —apreté tu mano— estoy esclareciéndome.

3 comentarios:

Keila dijo...

Ahora si. Es un buen regreso.Lo confirmo con este texto.

clau dijo...

Me gusta como escribes, soy tu fan!
por cierto yo quiero una historia... pero contigo ;) haha

besos ♥

Norma dijo...

ja...ja

yo también quiero una historia contigo Rafis ^^


besos muchos besos

bye ( ¬¬ )

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